Es muy interesante eso de envejecer; tu vista se debilita, pero puedes ver mucho mejor a través de las personas. Dejas de ver solo la superficie y te interesas mucho más por lo que hay en el interior, por comprender la esencia de cada uno, por escuchar y comprender lo que cada quien pasa sin juzgar. Eso es madurar, dejar de pensar solo en ti y ver más allá lo que tus acciones pueden generar.

Cuando maduras, cuando creces emocionalmente el mundo se transforma en un lugar nuevo, es más grande, tiene más lugares, muchas más personas, y millones de posibilidades.

Antes de madurar no eres consciente de eso, eres más egoísta, tienes una necesidad de satisfacerte a ti mismo sin importar las consecuencias. Antes de madurar eres más atrevido, pero te tropiezas muchísimo, una vez que maduras eres más cuidadoso, pero cada experiencia es mucho más significativa.

Madurar tiene múltiples beneficios en tu vida, es cuando empiezas a mirar a las personas desde una perspectiva más emocional, empiezas a vivir de forma más profunda, más reflexiva y real.

Valoras más las pequeñas cosas y las expectativas no te afectan tanto cuando no se cumplen. Tienes la mente mucho más abierta y te das cuenta que cada persona es un mundo. Que todos cometen errores, que todos aprenden de esos errores y no hay espacio para hacer juicios.

Miras a través de las personas, detectas con mayor facilidad cuando alguien quiere engañarte, cuando te miente o cuando no tiene buenas intenciones. Sabes cuando alguien solo quiere sacar algún beneficio, lo detectas todo porque has pasado por experiencias que te han dejado ver cómo funciona el mundo, lo que son capaces de hacer las personas por maldad o ambición y aprendes cuáles son tus límites de tolerancia.

Madurar es aprender, madurar es vivir de una forma más estable, más consciente y alerta. Pero también mucho más tranquila y feliz. Una vez que maduras dejas de confiar tan fácilmente en las personas, y claro, esto tiene sus pros y sus contras, resguardas mejor tu corazón y tus emociones, pero mucha desconfianza puede alejar a las personas que de verdad les importas. Por lo tanto, es vital mantener un equilibrio, abrir tu corazón siempre con la premisa de lo que pueda ocurrir.

Cuando entiendes a las personas es porque estás en su misma posición, no te sientes capaz de negar el hecho de que sus reacciones, sus actitudes y todo lo que son se debe a su experiencia de vida. Y lo sabes porque tú te reflejas, tú también tienes una personalidad que se ha moldeado con el tiempo debido a las experiencias vividas. Tú lo sabes y ahora consigues entender a los demás. Eso es madurez, es tomar decisiones basadas en la experiencia, en los deseos personales y en las posibles consecuencias. Es adelantarse a los resultados y estar preparados.

Madurar te hace un integrante del mundo que busca paz, comprensión y tolerancia. Dejas de tener miedo y empiezas a aventurarte con más confianza.

Texto original: albertespinola.com © Todos los derechos reservados.