Una infidelidad es de las peores acciones que puedes tener en contra de alguien que te ama. Tal vez para ti se trató de un simple juego que sucedió y pasó, pero para tu pareja podría significar perderlo todo. Es un engaño que duele por mucho.

Quizá lo hiciste para llenar un vacío dentro de ti o para satisfacer la emoción de aventura, pero cuando engañas a alguien que tiene toda su confianza puesta en ti haces mucho más que lastimarlo. Crees que se trata de una acción que con solo pedir disculpas pasará, o crees que es algo a lo que no se le debe dar importancia porque en ese engaño no hubo sentimientos profundos, pues estás muy equivocado. Una infidelidad si no acaba con la relación la quiebra hasta lo más profundo.

No te das cuenta de las terribles consecuencias de tus acciones, así que para que sepas, esa persona a la que engañas queda con el indeseable recuerdo, aun si continúan juntos. Esa infidelidad los perseguirá y cambiará por completo las reglas de su relación. Se produce en ella una mezcla de ira, decepción, desamor, ansiedad, arrepentimiento y claro, vergüenza. Todo se quiebra dentro de ella.

Cuando eres infiel a tu pareja, le dices que no es lo suficientemente buena para ti, que nunca la amaste verdaderamente.

Es decir, si estás con alguien que dices amar tanto, ¿cómo es posible que la hagas pasar por esa situación? La haces dudar de todo lo que han vivido juntos y pones en duda su propia autoestima. La vuelves una víctima que sufre, cuestiona todo lo que creía saber de ti y para sus ojos te conviertes en una persona diferente. La confianza se rompe y recuperarla jamás será posible. Aunque te perdone, aunque diga que confía en ti de nuevo, siempre cargará encima esa infidelidad.

Le haces creer que ella hizo algo mal y te llevó a engañarla, piensa que pudo haber hecho algo para evitarlo y se pregunta una y otra vez, “¿por qué?”. Deja de sentirse suficiente y aunque quiera ocultarlo ya no será la misma nunca más contigo.

Esta es la norma: Nunca, jamás, engañas a alguien que amas. Punto y final.

Si engañas a alguien le dejas cicatrices emocionales que no se desvanecen. Haces que levante muros de protección porque no querrá más nunca ser lastimada de nuevo. Se vuelve fría y una persona más complicada, y tiene que hacerlo para resguardar su corazón.

No es agradable sentir cómo el mundo se desmorona porque te das cuenta que no era como creías. Lo ves en historias de ficción y crees que a ti no te va a pasar, pero ocurre y es devastador darte cuenta de ello. Entender que eres una víctima más y es duro vivir con eso, vivir sabiendo que no puedes confiar tan fácilmente en las personas que dicen amarte.

Después de un engaño, no volverá a ser la misma persona, y aun si deja entrar a alguien más a su vida, siempre estará resguardándose contra las mentiras y la infidelidad.

Se volverá una especie de paranoica, y no la puedes culpar. Aunque la acompañe después un hombre que la ame y que sea bueno, igual va a cargar toda su vida con el dolor emocional que le dejó esa infidelidad. Sabe que las personas son vulnerables y que pueden caer de nuevo en la tentación. Siempre llevarán la sospecha y la duda, y no puedes culparla por eso. Ella tiene miedo de que le suceda lo mismo.

Cuando engañas a alguien le haces una confesión: “Ya no te amo, tal vez nunca te amé. No siento respeto por ti ni me preocupo por tu bienestar. No me importó cómo fuera afectar nuestra relación, solo quería satisfacerme”.

Amar es respetar.

Texto redactado original: albertespinola.com