Cuando la indignación y el desprecio por alguien que creías que era diferente te invade, la relación no solo se pone en peligro, también puede convertirse en una batalla de guerra sangrienta. Cuando se desarrolla odio es porque hay ira, y esa furia si no se controla, se transmite a través de comportamientos tóxicos y altamente dañinos para las emociones de ambos.

El odio puede destrozar una relación llevándolo a un punto de quiebre en el que ambos terminan avergonzados de las personas en la que se convirtieron. El odio te hace decir cosas hirientes, te hace desear mal, te hace sacar lo vil en ti que no sabías que tenías. Te transforma y no te das cuenta, cuando vienes a estar consciente el daño ya está hecho y pedir disculpas suena ridículo y deprimente.

Bien dicen que del odio al amor hay un solo paso, pues de regreso sucede igual. El odio y el amor son dos sentimientos que se alimentan de la misma forma, ambos se experimentan con pasión, con fervor, con mucha energía, solo que uno te hace sentir alegre y extasiado mientras que el otro te hunde en una oscuridad de tristeza, ira, frustración e impotencia. Ambos te aceleran el corazón, pero uno te daña en muchas formas, el odio.

Cuando el odio destroza la relación solo quedan pedazos de ella, no se puede sanear, no se puede volver a unir jamás y continuar allí hace que el ambiente sea más nocivo, más difícil, más desolado. El odio es un sentimiento atroz que si no se detiene antes de llegar a la ira profunda deja heridas expuestas toda la vida. El odio destroza las relaciones, las quiebra hasta que no sea posible repararlas de ninguna manera.

No llegues al odio, no te rebajes a que de tu boca salgan palabras hirientes, no seas una persona más que esparce la infelicidad, el desamor, el irrespeto. Si ya no te sientes bien con alguien, no te castigues ni castigues a esa persona a continuar en una relación en la que no hay retroalimentación. Sé valiente, ¿cómo puedes temerle al qué dirán si con el tiempo se convertirán en dos bestias que se devoran?

Al mundo no le importa en realidad la forma en que tú vivas, al único que le debería preocupar es a ti, lucha por ti, por tu bienestar, por tu felicidad. No dejes que el odio te haga sentir tanto resentimiento por alguien más. Perdona, perdónate y toma un nuevo camino en tu vida, uno con menos piedras porque ya sabes cómo echarlas a un lado, un camino con más sabiduría porque las personas que han pasado por ti te dejan lecciones de crecimiento.

Aprende a escuchar lo que los demás tienen para decir, y si otros intentan acallar tu voz, entonces no merecen nada más de ti, no sigas discutiendo, no pierdas tu tiempo ni energía en personas que ni siquiera lo intentan. Tú sigue adelante, sin perder la cabeza, sin llenarte de profunda tristeza e ira, sin odio en tu corazón.

Cuando el odio destroza la relación ya es una causa perdida. Intentar repararla puede solo encender de nuevo el dolor.

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