Ella estuvo siempre buscando chicos que la pudieran amar, que le ofrecieran una pasión desenfrenada y que siempre le demostraran lo mucho que la amaban. Cuando no encontraba lo que quería igual se quedaba intentando cambiar a esas personas y moldearlas para que fueran lo que ella esperaba.

Es un enorme error querer cambiar a las personas para que sean eso que soñamos, las personas son lo que son y si no las amas de la forma en que llegan a ti tienes dos opciones: Aceptarlas como son y amarlas de esa forma, o aceptar lo que son y tal vez conservar la amistad y dejarlas ir.

Ella, sin embargo, seguía creyendo que podría incentivar el cambio en ese chico que no la amaba como ella lo deseaba. Y cuando el tiempo pasó y vio que no lo lograba, entonces su deducción fue que el problema era ella. Se hundió en un lugar oscuro en el que no se sentía suficiente y que por más que se esforzara nunca sería nada bueno para la persona que ella amaba. Y en el trayecto no se daba cuenta que ella no necesitaba cambiar a nadie ni cambiar ella misma para encontrar el amor real.

Entonces aprendió a amarse a sí misma, a valorarse, a no aceptar en su vida menos de lo que merecía. Entendió que toda persona tiene una esencia, un valor propio que solo cada uno por sí mismo puede cambiar y mejorar. Ella sin duda cambió para mejor, comprendió que lo más importante al iniciar una relación era asegurar su bienestar y aprendió que no es su trabajo intentar arreglar a otras personas.

Ella vio que la vida es muy corta, que no todo siempre es color de rosa y que está en ella el decidir cómo vivir su vida y la calidad de ella. Por lo que entendió que no debía ir por allí perdiendo su tiempo y energía en enmendar a alguien más. Sin embargo, aún le seguía costando encontrar el amor porque seguía buscando en primera instancia esa pasión desenfrenada y el apoyo incondicional de personas que iba conociendo. Ella aún  no entendía que las relaciones son un proceso de aprendizaje.

Las relaciones ameritan un proceso de construcción, tener unas bases sólidas, que resistan todo lo que cada uno va aportando. Y esas bases son la confianza, el respeto y la buena comunicación, y la cuestión es que esas bases solo se forman a partir de una buena amistad. Antes de ser amantes, antes de jurarse amor eterno y prometerse fidelidad es esencial desarrollar una amistad.

Un amigo te escucha, trata de comprender tu posición siempre sin juzgarte, te conoce a profundidad, conoce tus defectos y no ve nada malo en ellos, solo los ve como una parte más de ti que te hacen ser la persona especial que eres.

Un amigo siempre te sostiene la mano, te apoya incluso cuando tú eres la culpable de tu dolor. Y no te señala, pero sí te dice las cosas como necesitas escucharlas, te aconseja y te hace sonreír de nuevo.

Toda relación saludable nace de una amistad. Y ella se dio cuenta después de tanto tropiezo y aprendizaje, ella al final se enamoró de quien era su amigo, sin forzar nada, sin meditarlo, sin verlo venir, pasó porque así siempre pasa con el amor verdadero. Lo puedes tener en frente sin darte cuenta.

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