Esa mujer te recibió en su vida con amabilidad, con una sonrisa y con la esperanza de que te convertirías en un apoyo, en la persona que la amara sin importar nada. Aceptó todo de ti sin dudarlo y te entregó su corazón, te dio hasta el alma, su cuerpo y sus pensamientos y tú echaste todo por la borda como si no fuera nada. Heriste su orgullo y su dignidad, confió en ti y le destrozaste el corazón. Tú la rompiste.

Lo que más deseaba de ti era que la respetaras, que la aceptaras tal como era y le demostraras amor; no esperaba que fueras alguna clase de héroe, ella por sí sola podía salvarse, pero esperaba que tú le proporcionaras esa felicidad extra del amor. No pedía demasiado. Te trató con respeto y mucha admiración, hasta llegó a poner de lado sus necesidades y deseos para atenderte y demostrarte lo mucho que te amaba. A ti nada de eso te importó.

Tú fuiste esa mitad que tanto quería abrazar y hacer sentir cómodo, tú eras esa luz hacia la que siempre caminaba, eras todo para ella. Sin embargo, ella no fue nada para ti.

Y lo más cruel de todo esto es que nunca hizo nada para merecerse esa indiferencia, ella siempre se mostró genuina, paciente y cariñosa. No merecía que la trataras así, ella era alguien que se podía amar tan fácilmente, pero nunca quisiste verlo, estabas demasiado ocupado pensando y buscando otras opciones para tu vida.

Quizá debió haber sido más fuerte y salvar su dignidad antes de que fuera demasiado tarde, tal vez al ignorar las señales se puso a sí misma en desventaja y permitió que la maltrataras emocionalmente. Tal vez ella pudo haber sido más resistente, mostrar más valor por sí misma y estar determinada a protegerse, pero no es así de fácil como se dice. Cuando le entregas el corazón a alguien y decides comprometerte, no abandonas la jugada a la primera caída.

En el fondo ella sabía que las cosas iban mal entre ustedes, una voz en su cabeza le gritaba que huyera y no mirara atrás; pero no era tan fácil, ella estaba enamorada y bajo esa sensación es difícil ver lo que está mal. Cayó en una trampa de amor tóxico en el que él controlaba sus acciones y decisiones, ella no se daba cuenta, pero sí, estaba por completo cegada. No puedes culparla, ella es un alma buena y decidió confiar, no pensó que las cosas tomaran ese curso.

Te metiste en su piel e hiciste con su corazón lo que quisiste. La rompiste y cuando empezó a darse cuenta del hoyo en el que estaba, empezó a ver su vida en retrospectiva. Entendió lo que le habías hecho, el daño sigiloso que le habías ocasionado y la forma en que la engañaste y manipulaste. Después que la rompiste, ella cambió.

Dejó de ser esa persona extremadamente amable y confiada, dejó de ser esa chica ingenua que era antes de haber pasado por ti. Sucedieron varias cosas desde que la rompiste:

Ella guardó su corazón

Ya no entrega su corazón tan fácilmente. Construyó muros muy altos de protección para resguardarse de personas poco valerosas como tú.

Ya no confía en nadie

Ya no puede permitirse confiar en las personas, ahora todos deben pasar por un riguroso proceso de aceptación. Aun cuando las personas a su lado parecen buenas, sigue desconfiando.

Sabe cómo fingir sus sentimientos

Antes de conocerte, ella no temía dejar ver sus emociones más genuinas, estaba dispuesta a darlo todo porque quería experimentar el amor en su vida. Pues ya no más, ahora sabe cómo fingir sus sentimientos, no los demuestra y para hacerlo tiene que estar cien por ciento segura de quien está a su lado.

Redactado original: albertespinola.com