La vida no siempre funciona como creemos que debería funcionar. Muchas veces los estándares que creemos correctos, no son los más saludables o simplemente no te llenan. Seguro conoces algún caso de una pareja que tenga un matrimonio feliz, una persona que tiene una pareja increíble, hijos respetuosos, amables y visionarios, una carrera exitosa, familia maravillosa y amigos inolvidables que le apoyan, sin embargo, siente que no es suficiente, que algo más le falta.

Así es, eso somos los humanos, seres ambiciosos e inconformes que con el tiempo vamos educando. Tienes un compañero que es un amante pasional, un esposo respetuoso, un padre atento y que tiene una actitud maravillosa, pero aun así sientes atracción por una persona totalmente opuesta. Y esa sensación amenaza con destruir todo lo que ya has construido al lado de ese ser.

Y bueno, con la invención del matrimonio, también surgió el concepto de adulterio. Cuando ocurre una infidelidad todos se preocupan por la víctima, y es muy comprensible pues ese engaño llega como un shock, un golpe de frente que destruye todo lo que conoces y sientes, te hace cuestionar el pasado, las decisiones, el presente y por supuesto el futuro. Además, una infidelidad tiene el poder de cuestionarte quién eres.

Así que engañar es engañar, si lo haces sabes que con tus acciones puedes destruir a alguien más; no hay forma de que te consideres una buena persona si engañas a tu pareja. Cualquier traición duele, carcome, daña el interior de alguien más, sus sentimientos y sus esperanzas se desvanecen. En una pareja, una infidelidad corta como si de un cuchillo afilado se tratara, deja heridas expuestas que sangran, que arden y que no sanan rápido, además, dejan cicatrices de por vida.

Lo peor de una infidelidad en los tiempos de hoy es el recordatorio constante de las acciones de esa persona en las redes sociales, en los eventos, en los encuentros familiares y básicamente de cualquier forma.

Siempre hay un disparador que te trae de vuelta los recuerdos y el dolor hasta que no terminas de sanar por completo.

Todo esto es muy cierto, es real que siempre nos enfoquemos en la víctima del engaño. Sin embargo, psicólogos advierten que es crítico ver lo que es una infidelidad desde ambas direcciones. La cuestión es que para estos profesionales los asuntos que hayan motivado al engaño demuestran mucho sobre el estado de un matrimonio o una relación de pareja cualquiera, de hecho, ellos apuntan a que descubrir las razones puede hacer que dos personas mejoren como pareja. ¿Qué opinas tú sobre esto?

Pues claramente, cuando hay una infidelidad es porque las cosas no iban bien entre la pareja, sin embargo, es cuestión de respeto y lealtad simplemente alejarse antes de que un engaño sea mucho más perjudicial.

En el pasado, el mayor motivo de los matrimonios era para tener una estabilidad económica, pero hoy ese no es tanto el objetivo. Las personas se casan para tener un compañero de vida, no por obligación y deber, sino para recibir apoyo y amor mientras hay respeto y afecto.

Una vez que te casas, esperas que esa persona de la que te enamoraste siga teniendo los mismos valores. Que sea una persona segura, independiente, respetable, tolerante, pero también deseas que se convierta en tu mejor amigo, tu amante, tu confidente, tu compañero de aventuras; y ciertamente, un engaño en forma de infidelidad rompe todos esos lazos que construyen.

Así que, recuerda que engañar es engañar, no puedes serle infiel a tu pareja y después decir que eres una buena persona. ¿Dónde quedó el respeto y el compromiso? Y sobre todo, ¿dónde quedó la honestidad? Si el amor se acaba hay que comunicarlo.

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