Hay relaciones que ni siquiera debieron empezar en primer lugar. Personas que se fuerzan a estar juntas solo por complacer un deber social que creen tener. Hay matrimonios muy quebrados que iniciaron con dudas, con la esperanza de que eventualmente funcionaran. Y esa es la peor forma de iniciar un matrimonio pues además de la relación que tienen, la conjetura social que implica un matrimonio afecta en gran medida el estado emocional de las personas.

Casarse, para muchos, es una validación social que necesitan, que de alguna manera les hace sentir más seguros sobre la relación que tienen. Además, un matrimonio también conlleva a un cambio de estatuto legal, todo ello convierte la relación emocional que ya tenían en algo más “serio” y “comprometido”, pero todo eso es simbólico en realidad. Un matrimonio no va a cambiar el nivel de compromiso que tenga una persona a la relación.

De hecho, si les faltaba más tiempo para trabajar lo que tenían, un matrimonio podría afectarlos, hacerlos sentir ahogados y amarrados a algo en lo que no estaban enteramente entregados.

Sin embargo, también hay matrimonios que descubrieron muy tarde sus propias exigencias y expectativas. Aunque sienten que tomaron en un momento la decisión correcta, no fue hasta mucho después que terminaron de descubrirse como individuos y su desconexión con la pareja que eligieron. De esa forma se crea una insatisfacción que lleva a las mentiras, al engaño, al miedo y a la frustración.

Algo es real, aunque un matrimonio debe tomarse como un paso de seguridad en una pareja, no significa que después de casados deban quedarse el uno al lado del otro, siendo infelices, por el compromiso que tomaron.

La vida es muy corta para pasarla casi toda en una relación que no te llena, que no te hace sonreír, o en la que simplemente ya no quieres estar, aunque estén casados, aunque tengan cargas. ¿Por qué debería importarte el impacto social de una separación cuando estás sufriendo y sometiéndote a una vida que no te hace bien?

Hay matrimonios que es mejor que terminen con la relación y solo sigan adelante con sus vidas. A veces nos equivocamos, cometemos errores o tomamos decisiones que podrían afectar el resto de nuestras vidas. Pero la verdad, no tiene por qué ser así, de los errores se aprende, de las equivocaciones te vuelves más sabio. Sin importar la opinión de los demás, siempre tienes que elegir mantenerte fiel a ti mismo, a la búsqueda de tu felicidad que la encuentras en una vida que tú eliges tener.

El estado de una relación no cambia porque se convierta en un matrimonio. El afecto que sienten el uno por el otro no va a cambiar de repente porque decidan casarse. Puede afectarlos de muchas formas, pero no cambiar el “amor” que digan tenerse.

¿Estás en un matrimonio infeliz? Y con un matrimonio infeliz no me refiero solo a uno en el que haya daño físico o emocional, aunque sí se incluye. Tú mereces hacer lo que te llena con tu vida, sin miedo al qué dirán porque siempre habrá quien diga algo, quien saque cualquier cosa de tu vida para criticar.

La insatisfacción en un matrimonio puede llevar a consecuencias graves, quedarte en esa relación por compromiso a la sociedad o a la familia puede desencadenar problemas peores de infidelidad y engaño, de maltrato emocional entre la pareja y afección para los hijos si los hay.

Es mejor una relación interpersonal de dos personas maduras que comprendieron que estar juntos los dañaba y ahora tener confianza y amistad, que una relación matrimonial en la que ambos son infelices y viven en miseria por la misma insatisfacción que les provoca.

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