A veces no conseguimos controlar nuestros sentimientos ni la intensidad con la que nos aferramos a alguien que no nos devuelve el mismo afecto. Así es, te enamoras sin miramientos, sin darte cuenta, con todo. Quedas cegada ante los besos, los abrazos y las caricias y no pudiste darte cuenta que ese afecto no fue porque te amaran de verdad sino solo por lujuria.

Las señales estaban, esas que indicaban que se trataba de una persona con la que no tenías futuro, pero tú preferiste ignorarlas. Cada vez que veías algo en esa persona que no te gustara hacías como si no pasara, como si no estuviera ahí. Te volviste adicta a él, a su cariño, a sus pequeñas demostraciones de afecto y a lo poco que te daba, quizá porque hacía mucho que no te sentías amada aunque fuera un poco. Él se convirtió en el aire que necesitaban tus pulmones para respirar.

Se convirtió en la única persona que podía alegrarte los días, la única persona que te hacia sonreír. Permitiste que tuviera total control sobre ti, no sabías que esa alegría era en realidad una emoción manipulada y solo te diste cuenta de ello cuando era muy tarde. Cada momento que estuviste a su lado, tenías la idea de que con él lo tenías todo. Pensabas que tenías las cosas bajo control y que tus emociones estaban protegidas.

Resultó que estabas bastante equivocada.

Y lo peor de esa situación es que a pesar de que ahora seas consciente de ello, no te permites rendirte con él. En tu interior estás convencida de que él es la única persona que puede hacerte feliz y que están destinados a estar juntos. Mantienes la esperanza vacía y sigues poniéndole a tu mente sueños para ambos. Sigues creyendo que eventualmente te pondrá un anillo en el dedo y que saldrán a recorrer el mundo juntos.

En vez de ver la realidad, optas por creer que él no sabe cómo demostrar su amor hacia ti. Te sientes segura de que te ama, pero que a veces se le hace difícil expresarte lo que siente. El problema en realidad es que empiezas a visualizar toda una vida a su lado, haces de cuenta que su relación es la mejor y que nunca podría terminar; planificas cosas con la que ni siquiera sabes si él estaría de acuerdo. O en el fondo sabes que no le gustaría pero igual lo haces porque quieres ilusionarte.

Quieres creer que esa relación no será un fracaso porque estás cansada de intentarlo antes y que no funcionara.

Así que pones tu mente a trabajar a gran velocidad y empiezas incluso a visualizar la casa en la que van a vivir y escuchas las voces de tus futuros hijos con él. Lo único que te falta para asumir esa vida maravillosa en tu cabeza es él, el hombre que amas pero con el que no tienes un futuro y nunca tendrás.

Él nunca se va a comprometer a hacer eso que deseas, por el contrario, al ver que tus deseos con la relación son mucho más lejanos que los de él, va a huir. Solo eres una chica con la que divertirse; te hizo sonreír, te hizo sentir muy deseada, hasta te hizo sentir bien contigo misma, pero jamás te hizo experimentar ese sentimiento de pertenecer a alguien. Eso solo estuvo en tu imaginación, en tus ansias de concretar lo bien que te sentías a su lado.

Jamás te vio como alguien para casarse, jamás te vio para algo más allá de una simple diversión. No es capaz de ver el dolor que brota de tus ojos con sus rechazos, con sus palabras hirientes. Hay días en los que incluso no te quiere ver. No pone atención a tus necesidades, a él solo le importa satisfacer las suyas. Y lo sabes.

Tú lo sabes, pero por algún motivo sigues ahí, minimizándote delante de él, rogando incluso por su atención.

Pero debes entender que un hombre como él jamás tuvo la intención de hacerte feliz. Él es solo un cobarde porque, de paso, no deja que te vayas de su lado. Te brinda unas pocas migajas para mantener ese deseo de amor en ti y alimentar tus esperanzas. Necesitas darte cuenta.

Necesitas abrir los ojos y liberarte de las cadenas que ha puesto alrededor de ti. Él es un hombre con el que no tienes futuro. Y lo sabes muy bien. Si sigues avanzando dentro de ese ambiente tóxico le vas a permitir destruirte.