Sin duda, es después que te desprendes por completo que te das cuenta de todo lo que no te gustaba de alguien y aun así tolerabas. Porque es que cuando nos decidimos a estar con alguien y en verdad nos comprometemos terminamos omitiendo e ignorando lo que nos desagrada solo por mantenernos atados. Es extraño como trabaja la mente humana, ¿cierto? Cada movimiento, cada sacrificio, todo por tener una buena imagen ante una sociedad que igual todo lo critica y lo juzga.

Pues ahora la perdiste, se siente libre de ser y hacer lo que quiere, y sobre todo, de desahogarse, de decir cómo se sentía en verdad a tu lado sin avergonzarse, sin miedo. Y sin importarle lo que los demás piensen. Su liberación es tan profunda que no tiene nada que ocultar. Se quedó a tu lado por mucho tiempo creyendo que las migajas que tú le dabas eran lo que ella merecía. La hiciste sentir tan diminuta que en verdad creyó que ese era su lugar, callada y en la oscuridad. Pero ya no está más a tu lado, así que ya no tiene que fingir.

Ya no tiene que decir que es feliz a tu lado mientras en casa tenía que cerrar los ojos y la garganta y tragar con dolor su infelicidad. Ya no tiene que decir que tú eres un buen hombre y que la tratas con respeto cuando te irritabas a cada rato con solo su presencia cerca de ti. Ya no tiene que decir que la satisfacías cuando ni siquiera te preocupabas porque ella disfrutara en la intimidad.

Nunca fuiste un hombre de verdad a su lado. Y fue cuando finalmente se alejó de ti que comprendió lo infeliz que era y la posición de sumisión en la que estaba. Comprendió que ella elige con quien estar, que ella decide por su felicidad. Y sobre todo entendió lo horrible que eras como pareja, que no merecía tu mal trato ni tu indiferencia. También entendió lo imposibilitado que estabas para darle placer porque tu ego no te permitía pensar en más nadie que en ti mismo.

La perdiste, perdiste a una mujer que te soportaba hasta que finalmente no soportó más. Tuviste un tesoro en las manos y lo dejaste escapar por no ser el hombre que ella necesitaba. Como si hubiese sido tan difícil respetarla, tratarla con cariño y honrarla. ¿Para qué la mantenías cerca de ti? ¿Para usarla y alimentar tu ego?

La perdiste y no hay marcha atrás, ahora vislumbró una nueva perspectiva de su vida, se siente libre y se siente cómoda gritando a los cuatro vientos cómo la hiciste sentir, miserable, diminuta e insatisfecha.

Se dio cuenta que eras una pareja terrible y una persona desagradable que nunca supiste cómo tratarla.

La perdiste y ahora reclama que eres terrible en todo aspecto como hombre y como pareja. No teme decir que hasta en la cama no sabes cómo satisfacer a una mujer.

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