Lo que ves en los demás puede ser una proyección de ti mismo.

En muchas ocasiones criticamos o juzgamos a los demás. Lo hacemos sin escrúpulos y de fácil palabra, con ceja levantada y con tono de superioridad. Las personas nos volvemos jueces ignorantes y nos creemos con el derecho de hablar y etiquetar a quien nos rote y antoje.

¿Pero quién tiene este derecho? ¿Quién tiene el derecho de poder hablar y juzgar a los demás?

En realidad, nadie. Cada persona tiene su vida y el camino que recorre con sus zapatos, nadie podrá juzgarlo, a no ser de que se ponga dicho zapatos y haga justo y exactamente lo mismo que el otro hace. Cosa que es imposible, porque cada vida es un mundo único e irrepetible. En todo caso, si se puede juzgar alguna cosa, es la vida propia. “A ti mismo”

No sólo se critica el presente de alguien, sino su pasado e historia; y la de cualquier persona, no es ni peor ni mejor que la tuya o la de nadie. Es absurdo y dogmático. Es regido y tonto. Es ignorante y estúpido.

Pero hay algo que no puedes olvidar. “Semejanzas” sí las hay, y cuando tú criticas a una persona es porque sin darte cuenta algo te resulta familiar. Algo que tal vez tú no has solucionado en ti y algo que no terminas de aceptar en ti mismo; claro, lo proyectas y culpas en las demás personas y críticas en el fondo lo que deberías estar criticando a ti mismo.

Es más fácil gritar y cargar la responsabilidad que no te cargas a ti mismo, al prójimo, y más sencillo hacerte creer a ti (tu ego) que tú estás exento de todo y culpa. Que eres perfecto. Pero no, no es así.

Pero ¿realmente sabes que esto es verdad y que criticas la proyección de ti en los demás?

¿Qué opinas de esto? ¿Crees que puede ser verdad? ¿O sigues pensando que no y que si juzgas es porque tú ya eres perfecto?

Autoría, Edición y publicación: Albert Espinola Todas las imágenes de We Heart It