Una pareja estable tiende a superar cualquier cosa. Y cuando en su vida de pareja se presenta una crisis, el motivo es porque es el final de una etapa y el comienzo de otra. Una crisis en una pareja estable es la oportunidad que tienen para reevaluarse y decidir de forma inteligente si es mejor seguir juntos o darle punto final.

Toda pareja pasa en algún momento por pequeñas crisis porque es que estar en una relación no es cosa sencilla. Se necesita de aceptación, tolerancia y aprendizaje continuo para poder crecer como pareja y mantenerse solida a través del tiempo. A medida que avanzan van experimentando cambios significativos, van evolucionando. Y cuando llega una crisis, es el momento preciso para replantear su futuro juntos e invertir sus sentimientos en sobrepasar o no la situación que los envuelve en el presente.

Existe el riesgo de desarrollar ansiedad e inseguridad, en especial si uno o los dos tienen muchas dudas sobre las decisiones que toman. Y aunque una crisis produce inestabilidad e inseguridad, también es una oportunidad para ajustar la relación. Puede que hayan quedado conflictos sin resolver del pasado y que salgan a relucir ahora.

Las crisis en una pareja estable ocurren para completar etapas. Esa es la razón por la que estas cuatro crisis se clasifican de acuerdo al tiempo que llevan de relación.

Estas son las cuatro crisis más grandes que pueden afectar a una pareja estable:

La crisis del primer año. El fin de la limerencia

La limerencia es el término que se usa para ponerle nombre a la fase de enamoramiento profundo de una pareja que es cuando inicia la relación, cuando se conocen y los sentimientos y el deseo están a flor de piel. El fin de la limerencia da lugar a la primera crisis de una pareja estable, sucede alrededor del primer año de relación. La base de esta crisis es que desaparece la idealización fantástica que se tienen el uno del otro.

En esta crisis se empiezan a ver con mejor claridad los defectos del otro y hay un desprendimiento de tiempo y espacio. Aunque al principio anhelaban hacer absolutamente todo juntos, en esta etapa hay una lucha por la recuperación de la independencia. Se recuperan los espacios personales que se hicieron a un lado al inicio de la relación.

La crisis de los tres años

Alrededor de tres años de relación surge la segunda crisis en una pareja estable. Aquí llega un deseo irrefrenable por subir el nivel de la misma relación. Si aún no conviven juntos, en este punto llega la decisión de hacerlo; y si ya viven juntos surge la idea de empezar a formar una familia. En general lo que surge es el deseo de mayor compromiso en la relación.

En ese momento, dependiendo de la intensidad de los deseos de cada uno, llega una etapa crucial de reevaluación de la relación. El cierre de la etapa será sin duda ese paso esperado al siguiente nivel o que uno o ambos no se sientan aun preparados para ese compromiso y la relación pueda romperse.

La crisis de los 10 años

Permanecer con una misma pareja por 10 años es un trabajo arduo de ambas partes. Y la crisis que aparece en este punto se basa en dos cosas: los hijos y el sexo.  En esa etapa la mayor atención está sobre los hijos y todo lo que tiene que ver con su crianza, su educación. Ya no piensan en pareja, piensan en familia.

Por su parte, el sexo se desplaza a un segundo plano trayendo consigo muchas dudas e inseguridades. Cada uno quiere pensar que no se ha perdido la chispa. Ambos quieren sentirse atractivos y que la sexualidad retome protagonismo en la relación. En esta encrucijada o bien se retoma la idea del sexo para disfrutar de ambos como pareja o le ponen punto final a la relación porque uno o ambos no consiguen satisfacerse de nuevo.

La crisis del “nido vacío”

Esas parejas grandiosas que consiguen atravesar las crisis anteriores y superarlas con éxito les queda una crisis más que vivir. Aunque consiguen un equilibrio en la relación y conviven plácidamente les llega la última crisis de pareja estable. Tiene el nombre de nido vacío porque sucede cuando los hijos ya han crecido y empiezan a marcharse de casa. En ese punto ambos vuelven a centrar sus vidas en ellos mismos como pareja romántica y puede que no sea tan sencillo.

La situación es que ambos han cambiado en todo ese tiempo. Se conocen perfectamente dentro de sus roles familiares, pero cuando se analizan de forma individual se sienten extraños, como si no se conocieran porque lo que hacía filtro entre ambos para su convivencia eran los hijos. Entonces lleva una nueva evaluación de pareja para continuar juntos o decidir que ya no hay nada en común que los una y busquen un destino final individual.

Todas estas crisis son oportunidades, son caminos que pueden llevar a la culminación de la relación, sí, pero también a la glorificación como pareja. Superar esas crisis es abrazar su propia felicidad, la que se dan el uno al otro sin arrepentimientos.