Una mujer que ha aprendido a ser fuerte sabe muy bien cómo se siente el dolor más profundo, no solo el de ser abandonada o traicionada por un hombre, sino el de haber perdido para siempre a una persona muy importante de su vida. Ella sabe lo que es el dolor más extremo, ese que no se puede alejar del corazón con una frase de arrepentimiento o con una disculpa. Ella ha padecido la angustia de perder a alguien que ama y que más nunca volverá a tener entre sus brazos.

Esa mujer que hoy es fuerte, alguna vez tuvo una conexión con alguien con absoluta confianza. Alguien que la amaba de vuelta con la misma intensidad, alguien que solo quería verla feliz, que le quitaba el aliento. Sin duda, alguien que merecía una vida más larga, sana y sin dolor. Pero esa persona especial le fue arrebatada por la vida misma y ha padecido mucho dolor por esa pérdida.

Ella habría querido tener más tiempo, para decir las palabras no dichas, para recordarle lo mucho que le amaba y lo muy importante que era para su vida. Lo vio como una enorme injusticia y eso le generó confusión, temor, frustración y dolor. Bajo esas circunstancias, su fortaleza se puso a prueba como nunca antes, ese día que supo que esa persona se había ido para siempre.

Ella se debilitó, sintió que no resistiría por mucho, su fuerza tuvo la prueba más dura, pero no la abandonó por completo, con lo poco que le quedó se levantó, aunque dolía volvió a mirar hacia adelante. Y fue el haber superado esa pérdida lo que la hizo una luchadora más determinada. La muerte endureció sus sentimientos, ella persistió, lloró hasta el cansancio, deseó muchas veces que hubiese sido ella quien se marchara ese día. Pero con el tiempo entendió que nada haría que las cosas fueran diferentes.

Ella aprendió que la vida da sorpresas inesperadas y que muchas veces no son buenas, y aprendió que por más que sufra y por más que duela lo que sea que le suceda, hay cosas que solo debe aceptar para poder avanzar.

La muerte es la guía más severa para aprender esa lección, no podemos cambiar la realidad, pero sí podemos aprender a vivir dentro de ella. Y esa mujer fuerte logró entenderlo.

Ella no deja de llorar y recordar a esa persona que ya no está, pero el tiempo le ha permitido sanar, y le ha permitido transformarse en una persona más decidida, más fuerte y más determinada a no perder el tiempo, a no dejar pasar las palabras que desea decir.

Porque la vida sigue, no para, no se pausa, no pone atención a quien deja atrás. Así que ella sabe que si no va a su ritmo, terminará perdiendo más personas y más aventuras en su vida.

Pocos logran manejar la pérdida de un ser querido, hay quienes no se recuperan ni lo asimilan jamás y van por la vida llenos de dolor y tristeza. Pero debes saber que las mujeres más fuertes tienen un ser querido en el cielo, uno que no olvidan, que les costó la vida superar y que a pesar de todo, les ayudó a ser alguien más preparada para la vida.

Si has pasado por esa prueba dura de perder a un ser querido que jamás creíste que pasaría, seguro sabes lo que es el dolor más profundo, y también sabes lo importante que es no dejar que el tiempo pase en vano.