Tiendo a repetirme que cada situación de la vida buena y mala es necesaria para el crecimiento emocional. Y sí, aun pienso que es así, pero después de todo lo que viví contigo, me atrevo a decir que ojalá nunca te hubiera conocido. Esa experiencia fue tan vacía, tan poco funcional y tan falta de amor, que desearía nunca haberla vivido.

Fue tan miserable que lo único que puedo decir que aprendí de ella es una forma más de cómo no se debe amar a una mujer. Tu indiferencia me sepultó, pero en mis ansias de hacer que una relación finalmente funcionara en mi vida, me quedé, insistí en hacer que el amor naciera, pero nunca pasó. Nunca tuviste amor verdadero para darme. Nunca quisiste nada serio conmigo e igual me engañaste para estar a tu lado como un plan de reserva.

Me hiciste ver como alguien que no valía lo suficiente, no valía el esfuerza que pudieras ponerle a nuestra relación, siempre tenías más opciones disponibles y me mantenías a mí en la oscuridad. Qué ciega fui, no sé cómo no pude ver desde un principio que no eras un hombre seguro y maduro. Solo era una diversión, un plan. No debí conocerte nunca. Desearía no haberlo hecho y es que me cuesta aprender algo de lo que tuvimos porque detesto lo que pasó.

Sé que esa no es la forma de amar a una mujer, sé que merezco mucho más y me indigna haber permitido que lo nuestro siguiera adelante bajo esas circunstancias.

Fui débil, caí en la creencia absurda de que pronto me amarías, de que en algún momento te darías cuenta de todo lo que sentía por ti y lo que era capaz de hacer por tu amor. Fui una tonta, lo reconozco y eso me tiene mal, no debí conocerte. Con tantos errores de los que he sacado lecciones y vine a caer con un idiota inmaduro como tú.

Me desahogo porque siento que debo hacerlo, me duele el tiempo que perdí a tu lado, me duelen las lágrimas que derramé por ti, me duele la inseguridad que gané y la autoestima baja que conseguí. Pero para que sepas, me estoy recuperando, ya sé una forma más en que un hombre puede cruelmente tratar a una mujer, con la indiferencia y con superioridad.

Someterme era tu única carta, me alegra que al menos pudiera abrir los ojos a tiempo. Pero sé que me costará trabajar la indignación que siento. La voy  a usar a mi favor, como protección. No puedo permitirme volver a caer en el engaño de un idiota como tú, no quiero hacerle pasar ese mal rato a mi corazón una vez más.

Estoy abriéndome al perdón, quiero transformar la ira en perdón, necesito perdonar para seguir adelante, necesito darle un cierre a esa relación para poder abrirme a nuevas oportunidades.

Estoy luchando para aprender la lección y no convertirme en un ser humano amargado y lleno de ira. Quiero superar esto, quiero enfrentarlo, superarlo y aprender de ello. Y lo voy a hacer.

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