En las relaciones matrimoniales, existen problemas como el siguiente. Problemas en los cuales no se tiene en cuenta a la mujer para nada, e incluso cuando ella expresa de corazón lo que quiere y siente a su esposo o pareja, este no la escucha y no la toma en cuenta, casi que pasando del todo y haciendo oídos sordos.

Ella le dice:

Desde que me levanto en las mañanas, siento que vivo con un niño al que hay que hacerle todo y con una persona que no sabe sonreír y mirarme a los ojos con amor.

Te has vuelto extraño y molesto con todo y me doy cuenta de que nunca, pero nunca, piensas en mí, ni con un triste detalle.

Yo trabajo igual que tú, todos los días, también estoy cansada y agotada y no es justo que dejes todas las tareas de familia a mis espaldas y que tras de eso, siempre, estés molesto conmigo y con tus hijos y parezca que los demás somos siempre los culpables de todo.

Desde hace tiempo veo que he dejado de amarte y quererte, porque por más que sigo a tu lado, ya la vida en unión no tiene sentido.

No hablamos ni tenemos nada en común, bueno sí, lo que tenemos en común, es que yo soy como una empleada tuya, la cual te hace los trabajos domésticos.

Te plancho.

Te limpio la ropa.

Te hago la comida.

Duermes con sabanas limpias todas las noches.

Cuido sola de nuestros hijos.

Hago la compra siempre sola.

Entre muchas otras cosas. Claro, a ti te va perfecto, porque sales a trabajar, llegas a casa,  y siempre tienes todo hecho y acomodado.

Siento que soy sólo una chacha para ti y una persona que sóolo tiene obligaciones para que tu bienestar este firme y a la orden del día. Pero, ¿y mi bienestar? ¿y mi persona? ¿y mi dignidad?

Muchas veces, o bueno, más bien llevo tiempo preguntándome, ¿qué hago aguantando una persona como tú a mi lado? Una persona que no sabe valorar ni amar a su familia.

Es muy triste, pero tus hijos llevan tiempo diciéndome y preguntándome, ¿Mamá, papá siempre ha sido así? ¿Qué le pasa, que no nos quiere? Y para una madre escuchar eso es terrible.

No te quiero Lluís, quiero el divorcio y empezar una vida digna y tranquila. Tú haz tu vida y lo que quieras, porque yo haré lo mismo.

Es triste terminar así, pero en realidad es más triste vivir de esta forma y vivir este ambiente que tus hijos viven día tras día.

ÉL dice:

-¡Sí María sí, lo que tú digas, haz lo qué quieras! ¡Una cosa, la camisa blanca está limpia y planchada, es que hoy tengo reunión!

Autoría, Edición y publicación: Albert Espinola Todas las imágenes de We Heart It