Cuando conoces a alguien que a la larga parece pedante, prepotente y que poco siente al hacer sentir mal a los demás, ten por seguro que se trata de alguien que es infeliz consigo mismo. Alguien que no se tolera a sí mismo se siente poco suficiente, así que necesita compensar toda esa inseguridad con maldad. Hay quienes sienten que si son infelices, todos a su alrededor también deben serlo, así que se convierten en tóxicos.

Las personas infelices se van llenando de veneno en su corazón, hay quienes aprenden a valorarse y poco a poco van viendo la luz en su vida. Pero hay quienes se llenan de rencor y odio contra las personas que alguna vez le hicieron daño, y en vez de aprender la lección, lo que hacen es amargarse, ir siempre contra todos como si todo el mundo estuviera en su contra. Esas personas incapaces de aprender las lecciones de la vida son las más infelices consigo mismas, y las más malvadas.

¿Y cómo las reconoces? Fácil, son personas que básicamente no les puedes hablar, se irritan de nada y cuando se equivocan y se los quieres hacer saber, te lo piensas tres veces y tal vez desistas porque no quieres pasar un mal rato discutiendo.

Esas personas son malvadas porque no pueden tolerar que alguien se vea más feliz de lo que ellos son. Es parte de su aura de negatividad, son personas tristes que se refugian detrás de una pared de resentimiento contra todos.

Las personas infelices consigo mismas viven en un espacio caótico y oscuro, ven terribles consecuencias en todo y la esperanza no es algo en lo que crean. Perdieron las ilusiones y la confianza tanto en sí mismos como en los demás. Están molestos con la vida por las cosas que han tenido que vivir y por ello no se permiten abrir el corazón, siempre están a la defensiva creyendo que se protegen cuando en realidad ellos mismos se dañan.

Vivir con rencor y tristeza desencadena enfermedades, malestares y condiciones críticas de salud. Además, va deteriorando las emociones y el bienestar mental. La infelicidad hace que la vida duela, así que las personas infelices viven con dolor, pero se niegan a recibir ayuda, no les interesa lo que los demás tengan para aportar a su vida, solo quieren que los demás se limiten a hacer su trabajo y que no se inmiscuyan en sus vidas. Por lo que cualquier interacción siempre termina en discusión con este tipo de persona.

Son personas tan miserables consigo mismas que no les queda más que ser miserables con otros. Es triste, pero tampoco puedes dedicar tu vida a intentar reparar a esas personas, te desgastas tú y podrías incluso terminar como ellas. De esas personas es mejor pasar de largo y no insistir. Te contaminan, te dañan, te hieren, y es que no tienen remordimiento, no se arrepienten de sus actos.

Aléjate de ellas, aprende a ser feliz contigo mismo y no caigas en el odio como salida fácil. Aprende la lección y continúa tu camino con más sabiduría.

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