Los seres humanos nos equivocamos por naturaleza. Es parte de nuestro crecimiento y aprendizaje. Todos somos bien conocidos por haber tomado en algún momento una o muchas malas decisiones. A partir de esas elecciones terminamos experimentando episodios importantes de nuestras vidas, buenos o malos, como fuera, nos dejan una marca.

Quienes fuimos hace años no se puede comparar con la persona que somos hoy. La única conexión entre tu “yo” del pasado y el de hoy son las experiencias. Ese es el pegamento que une cada trozo de ti, cada nuevo pensamiento, cada nuevo proyecto, cada nueva decisión. La vida se trata de aprendizaje, vamos creciendo y madurando y entre tanto vamos cambiando nuestra propia perspectiva sobre la vida.

Juzgar por las decisiones pasadas es algo cruel porque tú ya ni siquiera recuerdas esa persona que fuiste. En cada momento de nuestras vidas tomamos decisiones según nuestras necesidades y nuestra forma de ser. Tenemos una educación y una experiencia que nos permite ir por una opción u otra.

Tal vez en el pasado elegiste estar con alguien que te hacía daño porque creías que era lo mejor para ti y así no te quedarías sola. Seguramente esa clase de decisión te deja muchas marcas. De esa decisión aprendes desde un punto de vista que depende de ti misma, positivo o negativo.

Cada experiencia influye enormemente en la consecución de nuestros pasos. En ese caso, si eliges tomar un aprendizaje positivo entonces más adelante no te permitirás más nunca estar con alguien así. Te pones límites para protegerte y de una forma u otra te dedicas solo a ser feliz. Pero si eliges aprender de forma negativa puede que te encierres en el dolor, a veces es muy difícil salir de los estragos de una relación tóxica y terminas hasta odiándote. El avance es difícil; sin embargo, tarde o temprano esa experiencia te cambia igual. Dejas de ser la persona que un día fuiste.

Nadie tiene derecho a leer tu alma basado en las experiencias de tu pasado y las decisiones que tomaste. No tiene sentido en lo absoluto. Es como decirle a un atleta profesional que no logrará ganar una competencia porque en su juventud no tenía idea sobre esa disciplina. Para eso trabajó duro en todo ese tiempo, para ser bueno en lo que hace, no puede ser juzgado porque lo que no podía hacer antes. Parece muy lógico en ese caso, pero es exactamente lo mismo en la vida general de las personas.

No puedes juzgar a nadie pensando en lo que fue hace muchos años. No sabes lo que ha pasado todo ese tiempo, lo que ha tenido que aprender a la fuerza o por voluntad propia. No sabes nada. Tampoco permitas que te juzguen a ti, deja que tu madurez sobresalga. Eres una persona digna y maravillosa habiendo arrastrado el peso de tu pasado en modo de lecciones y aprendizajes. Eres una guerrera y nadie tiene el derecho de juzgarte por tus batallas.

Eres tu mayor protectora, tu mejor animadora y tu mejor apoyo. No permitas que otros te hagan sentir mal por algo del pasado.