Tener hijos no significa que debas olvidarte de ti porque solo puedes tener ojos y preocupación para tus hijos. Es decir, claro que te preocupan, los amas, pero mentalízate esto, si tú les faltas jamás tendrán el mismo amor que les das o el cuidado adecuado. Si tú les faltas no tienes ninguna seguridad de que estarán protegidos en un lugar saludable, los privas de tu presencia. Así que, para poder seguir cuidando de los tuyos, primero tienes que estar bien tú.

Asegurar tu bienestar físico y mental es asegurar una mejor calidad de vida a tus hijos pues te permites tener tiempo de calidad a su lado. Eso de que debes olvidarte de ti porque ya tienes hijos es una mentira absurda, parte de hacer que tus hijos tengan lo mejor es garantizarles que su madre esté en un buen estado físico y mental; si tú te sientes bien, lo transmites a ellos, con sonrisas, con actividades físicas, con planes familiares, con sorpresas en la cocina, con inventos divertidos en casa.

La mejor educación que reciben los niños proviene de padres pacientes, amorosos y saludables. Ambos deben participar cada día en su crecimiento, y no hay mejor regalo que tu presencia en sus vidas. Un deber como padres es el proporcionarles la seguridad de un hogar afectuoso, libre de preocupaciones, peligro y dolor. Y aunque es una tarea que tiene su trabajo, lo primero es que ustedes como padres estén bien.

Una madre segura de sí misma, saludable, contenta por tener lo que tiene y agradecida por todo en su vida es sin duda un ejemplo a seguir desde ese punto. Luego todo lo que tienes para brindarles a tus hijos es valor agregado. Una sonrisa genuina se contagia, el buen humor les ofrece seguridad y tranquilidad, una autoestima elevada les demuestra lo mucho que valen, y así lo van aprendiendo pues en los niños la observación es la primera forma de aprendizaje.

Los hijos van creciendo siguiendo tus pasos, si tú llevas un estilo de vida saludable y lo fomentas en ellos permitiéndoles tomar sus propias decisiones, serán muy conscientes de la importancia de su propio bienestar cuando sean adultos. Así que, evalúate, para ser una buena madre, necesitas estar bien, en todo el sentido de la palabra.

Cada decisión basada en tu seguridad y bienestar les enseña la importancia del cuidado personal. No te olvides de ti misma, puedes creer que dejarte en segundo plano se trata de una acción desinteresada para tus hijos porque lo primordial es asegurarte de que ellos estén bien, pero a largo plazo no es así. Un hogar saludable es ese en el que todos sus miembros están y se sienten bien.

Tienes que velar por tu salud, cuidar de ella cada día en la alimentación, en la actividad física y el manejo del estrés. Muéstrales un modelo fuerte a seguir, sé un pilar del que se pueden sostener mientras crecen, así se aventuran ellos mismos a ser tan fuertes como tú.

Además, no porque tengas hijos tienes que olvidarte de disfrutar de la vida. Ser madre no es olvidarte de ti, tienes derecho a divertirte, a hacer las cosas que te gustan, a no estancarte y seguir prosperando.

No te dejes guiar por los comentarios de los demás, ser una buena madre no es esclavizarte y olvidarte de ti, ser buena madre es primero estar bien tú para poder proporcionarles bienestar a ellos.

Texto original: albertespinola.com © Todos los derechos reservados.