Nuestra mente a veces nos hace caer en trampas, hoyos de impaciencia, miedo a la incertidumbre, obsesión con el futuro. Iniciamos una nueva aventura, ya sea un nuevo trabajo, un nuevo proyecto personal o una relación, y de pronto nos percatamos que aunque apenas inicia ya estamos imaginando todo un final para esa novedad, algunos finales trágicos, otros buenos. Cualquiera de ellos terribles para nuestro bienestar emocional.

Muchas personas se obsesionan con el final, con cómo acabará, qué sucederá, cómo evolucionará. Esas expectativas arruinan cualquier cosa, le restan importancia a la esencia de lo que hacemos, de lo que vivimos y experimentamos. Si eres ese tipo de persona impaciente que se la pasa pensando en cómo terminará todo, seguramente no te va bien en asuntos del amor. En las relaciones es vital concentrarse en el “ahora”, más aún cuando apenas se están conociendo y están en una fase de enamoramiento.

Pensar en lo que pueda ocurrir le quita la magia a lo que sucede en el ahora. Te hieres a ti misma porque te obsesionas con el final; ya no lo hagas, mentalízate y enfócate en el momento, agradece por lo que eres hoy, lo que has logrado hasta ahora y el terreno que has ganado. Ya basta de ir más allá sin haber siquiera experimentado lo que tienes hoy. Vive el presente, disfrútalo sin expectativas.

Toda historia tiene altibajos, cuando agarras un libro para leerlo, no tiene sentido que vayas hasta la última hoja para saber cómo termina. Lo que leas no tendrá ningún significado porque no leíste el desarrollo y no tienes idea de qué es lo que sucede para que la historia llegue a ese final. Sucede exactamente lo mismo con la vida.

No puedes apresurarte a querer saber cómo termina parte de la historia de tu vida, permítete que sea una sorpresa, cada momento vivido te va dando una idea de cómo será el siguiente paso. Pero no te aceleres, no te adelantes porque cada capítulo es un misterio y puede cambiar por completo la dirección de tu historia.

Date la oportunidad de vivir sin medidas, sin querer tener por completo el control. La vida es libertad y aunque tú decides qué hacer y cómo actuar en ella, no puedes predecir los eventos aleatorios de las circunstancias ni lo que piensan y sienten las demás personas. Valora cada día, cada momento, vívelo al máximo, con calma, come de todo lo que quieras, pero hazlo despacio, disfrutando, degustando la vida.

Que el futuro no sea una preocupación sino una agradable sorpresa. No te enfoques en lo malo y las posibilidades más terribles, eso no te hace bien, ni siquiera le aporta valor a tu vida. Querer vivir en el futuro es perjudicial para ti y los que te rodean. Vive tu presente, cada mordisco, un día a la vez porque cada final será un nuevo comienzo.

Ya enfócate en el momento, agradece por lo que eres hoy y sé feliz.

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