¿No te sientes exhausta? ¿No te agota tener que fingir siempre una sonrisa? ¿Hablar de la mejor forma posible y comportarte de manera acertada para satisfacer a las personas a tu lado? ¿No estás cansada? Seguramente sí. Esas frases de “Sé buena”, “Sé respetuosa siempre”, “Sonríe”, “Ten cuidado de no ofender a otros con tus opiniones” te retumban en la cabeza y ya no sabes qué hacer con ellas. ¿Cierto?

En pocas palabras, lo que los demás te exigen es que seas alguien que no eres y no expreses tus verdaderos sentimientos. Que no molestes a nadie con tu esencia, con tu verdad, con quién eres. Tengo algo para esas personas, ¡que se enreden ellos mismos con eso! Tú eres una mujer libre que debe ser muy segura de sí misma. No significa que debas insultar a cuanta persona se te cruce porque tu libertad termina donde inicia la de tu prójimo. Pero eso no te debe inhibir a dejar salir tu verdadera personalidad.

Estás en todo tu derecho de mostrarte genuina, de expresar lo que quieras, dar tu opinión y defenderla. Tratar de complacer a todo el mundo te hace perder el norte de tu vida, disminuye tus metas y te desalienta. No hay nada más reconfortante y apasionante que la capacidad de poder ser uno mismo siempre.

Desde niños intentan enseñarnos que debemos ser amables con los demás sin importar qué, si te han abofeteado, entonces pon la otra mejilla. Se trata de un valor de generaciones anteriores que ya no podemos seguir. Está bien que promuevan la amabilidad y el respeto, esos valores son vitales para la convivencia humana. Aprendes a ser paciente y tolerante, pero cuando te topas con personas malas, desconsideradas y groseras, ¿qué tanto tienes permitido resistir? Te piden que justifiques sus acciones y los comprendas.

La paciencia tiene un límite, en algún momento cada emoción que te guardas así como cada sentimiento e injusticia sale y explotas. Debes abrir tu boca y empezar a decir lo que piensas porque también importa.

Sorprende a los demás, demuestra que eres capaz de defender quién eres y lo que piensas, incluso de personas tan cercanas como tus padres. Tú eres dueña de tu vida y tus decisiones así que, ¡reacciona! Aprende a decir lo que piensas, a negarte cuando así lo quieras y defender todo de ti. Complacer a los demás te hace pasar desapercibida, te vuelves una persona sumisa que solo está por allí para asentir sin nada que aportar. Por favor, no seas esa mujer.

Hazte la promesa a ti misma de decir siempre lo que piensas, de decir la verdad aunque sea cruel u ofensiva. A veces es necesario ser así de crudo para poder liberar la presión que te mantiene con dolor en el pecho. Ya no insistas en pretender ser algo diferente solo para que los demás te validen en su círculo, no le debes tu personalidad a nadie, solo a ti misma.

¿Sabes cuántas personas hay en el mundo? Billones, no los podrías contar y cada día son más, ¿cómo puedes ir por la vida tratando de satisfacerlos a todos? Ya basta, no tienes que hacer eso, solo tienes esta vida y bien rápido que se pasa, así que vívela al máximo.